Fotos para la carta de tu restaurante: cómo preparar la sesión
Qué platos elegir, cómo organizar la cocina, dónde montar, qué vajilla usar y los fallos que estropean una sesión de fotos gastronómica. Guía para hosteleros de A Coruña.

Hay una escena que se repite en A Coruña más de lo que debería: una cocina buenísima, producto de mercado, un cocinero que lleva veinte años afinando un plato… y una carta ilustrada con fotos hechas con el móvil, a mediodía, bajo los focos amarillos del techo.
La foto de un plato no es decoración. Es lo que hace que alguien que está dudando entre tu local y el de enfrente se decida. Y es lo primero que ve quien te busca en Google antes de reservar.
Esta guía es para que, el día que hagas esas fotos —con nosotros o con quien sea—, la sesión salga bien. Porque la mitad del resultado se juega en lo que preparáis vosotros antes de que llegue nadie con una cámara.

Antes de nada: para qué son las fotos
No es lo mismo una foto para la carta que una para Instagram, y mucha gente pide "fotos de los platos" sin distinguirlo. Luego llega el diseñador, necesita el plato entero desde arriba sobre fondo limpio y resulta que todas las fotos son planos cortos preciosos que no le valen.
Decidid antes dónde van a vivir:
- La carta (física o digital): plano cenital, plato completo, fondo ordenado, todos con el mismo criterio para que se puedan comparar entre sí.
- La web y la ficha de Google: una mezcla, más el local y el ambiente.
- Las redes: vertical, plano corto, textura, y mejor con algo de movimiento humano —unas manos, un vino sirviéndose.
- Las plataformas de reparto, si trabajáis con ellas: cuadrado y legible en pantalla pequeña.
Lo normal es necesitar varias versiones del mismo plato. Si lo decís al principio, se resuelven en la misma toma.
Elegir los platos: menos de los que piensas
El error más común es querer fotografiar la carta entera. No hace falta y además sale mal, porque al plato número veinte la cocina ya está fundida y se nota.
Empezad por:
- Los que más se venden. Son los que la gente busca y los que tenéis más perfeccionados.
- Los que mejor os representan. Ese que no se come en ningún otro sitio de la ciudad.
- Los de más margen. Si una foto va a empujar a pedir algo, que empuje a lo que os interesa.
- Un par de composiciones de mesa con varios platos juntos, que son las que mejor funcionan para la portada de la web y para las redes.
Con diez o doce platos bien hechos tenéis una carta resuelta. Con treinta mal hechos, no.
Cómo organizar la cocina ese día
Esto es lo que marca la diferencia entre una sesión fluida y una tarde desesperante.
Haced una lista con el orden de salida
Escrita, con el orden decidido la víspera. Primero lo que aguanta —arroces, guisos, carnes— y al final lo delicado: helados, espumas, cosas con hielo, todo lo que se derrite mirándolo.
Dejad espacio entre plato y plato
Un plato que espera su turno se seca, se apaga y pierde el brillo. Lo que mejor funciona es que la cocina saque un plato cada veinte o treinta minutos, no todos de golpe. Parece lento y en realidad es más rápido, porque no hay que repetir nada.
Que haya una persona de enlace
Alguien que esté pendiente de que el siguiente plato salga a tiempo y que pueda decidir en el momento. Si el fotógrafo tiene que entrar en cocina a preguntar cada vez, se para todo.
Las salsas, aparte
Una salsa puesta en cocina llega a la mesa ya absorbida. Que venga en un cacito y se eche delante de la cámara, justo antes del disparo. Lo mismo con el aceite, el parmesano y cualquier cosa que brille: se pone al final.
Haced raciones de foto, no de servicio
A veces la ración real se ve pobre en la foto y a veces se ve excesiva. Montad el plato pensando en cómo se va a ver, pero sin pasarse: si la foto promete el doble de lo que llega a la mesa, el cliente se enfada y con razón.
El sitio: dónde se monta
Junto a una ventana
La mejor luz de vuestro local es gratis y entra por el cristal. Reservad una o dos mesas cerca de una ventana y dejadlas libres toda la sesión.
Apagad las luces del techo
Esta es la que más sorprende a los hosteleros y es de las más importantes. Los focos de un local suelen ser cálidos o LED de un tono raro, y al mezclarse con la luz de la ventana ensucian el color: la lechuga se vuelve amarillenta y el pescado blanco se vuelve beis. Durante las fotos, apagadlas.
La mesa de servicio no siempre sirve
Si vuestras mesas son de madera con barniz brillante, el reflejo sale en todas las fotos. A veces compensa llevar un tablero mate o un mantel liso. Preguntadlo antes.
A media mañana o entre servicios
El mejor momento es con el local cerrado al público pero con cocina operativa. A media mañana hay luz buena y nadie corriendo. Entre servicios también funciona, con menos margen.

Vajilla y detalles
- Vajilla limpia de verdad. Las huellas y las marcas de agua se ven muchísimo en una foto y quitarlas después es trabajo de retoque que podíais haberos ahorrado.
- Platos que no empequeñezcan la ración. Un plato enorme con una ración normal hace que parezca que dais poco.
- Guarniciones frescas. Tened perejil, cebollino, limón o lo que uséis recién cortado y en la nevera, no lo que lleva desde las nueve en el pase.
- Un par de servilletas y cubiertos limpios para montar la escena. Si tenéis algo con vuestro logo, mejor todavía.
- Las copas y los vasos, sin cerco. Se ve todo.
Los tres fallos que más estropean una sesión
1. Fotografiar solo los platos. Un restaurante no se elige solo por la comida. La barra a media tarde, la terraza con la luz de las ocho, las manos del obrador trabajando: eso cuenta el sitio tanto como un plato. Si queréis enseñar el espacio entero, eso ya es fotografía de interiorismo y se trabaja de otra manera, con las verticales corregidas y la luz preparada.
2. Usar fotos de banco de imágenes. Se nota siempre. Y el día que alguien pide ese plato y le llega otra cosa, la decepción es peor que no haber puesto foto.
3. Hacerlas una vez y olvidarse. Cambiáis la carta de temporada y las fotos se quedan en enero. Lo que funciona en hostelería son sesiones periódicas, cortas, cada pocos meses. Por eso muchos locales lo montan como contenido para redes con packs mensuales en vez de una sesión grande al año.
El problema de la carta de papel
Aquí hay algo que conviene decir antes de seguir: podéis tener las mejores fotos del mundo y no tener dónde ponerlas.
En una carta impresa caben pocas, encarecen la impresión y, en cuanto cambiáis un precio o quitáis un plato, hay que reimprimir todo. Así que lo normal acaba siendo una carta con cuatro fotos, o con ninguna. Las fotos buenas se quedan en el móvil del dueño y en un par de publicaciones de Instagram que a la semana ya nadie ve.
Una carta digital con QR cambia esa ecuación. El cliente apunta con el móvil, no instala nada, y ve la carta entera con foto en cada plato.
Míralo tú mismo antes de seguir leyendo
Se entiende en diez segundos mejor que en tres párrafos:
Abre esta carta de ejemplo en el móvil ↗ — Casa Mariña, un restaurante de muestra.
Fíjate en cuatro cosas mientras la miras:
- La foto de cada plato, que es justo donde acaba viviendo el trabajo de una sesión como la que cuenta este artículo.
- El idioma, arriba del todo: se cambia con un toque. En A Coruña, con los cruceros y el Camino, eso es dinero que entra o se va.
- El plato tachado: está agotado hoy. Se marca desde el móvil en dos segundos y nadie pide lo que no hay.
- Los iconos junto a cada nombre: los 14 alérgenos de la UE y las dietas. Deja de ser una conversación incómoda con el camarero.
Y lo que no se ve desde fuera: la carta se importa desde una foto o un PDF de la que ya tienes —no hay que teclearla—, los precios se cambian sin reimprimir nada, hay menú del día, QR distinto por mesa y aviso al camarero desde la propia mesa.
Por qué te lo contamos nosotros
Porque es la pieza que faltaba en este artículo y porque la hemos visto funcionar. No la desarrollamos: la hace Lapriex Digital, nuestro estudio de desarrollo de confianza —el mismo que monta las webs que acompañan a nuestras sesiones—. Nosotros ponemos las fotos; ellos, el sitio donde lucen.
Y hay un detalle que a nosotros, como fotógrafos, nos parece el más interesante de todos: la carta te dice qué platos miran los clientes y cuáles se saltan. Para quien acaba de pagar una sesión, eso es oro. Si un plato tiene buena foto y aun así nadie lo abre, el problema no era la foto. Si se mira mucho y no se pide, tampoco. Es la primera vez que se puede comprobar si las fotos están trabajando, en vez de suponerlo.
Porque va en el mismo sentido que todo lo anterior: la foto no es el objetivo, es una herramienta. Si acaba en un sitio donde se ve bien, trabaja. Si acaba en un PDF que nadie abre, no.
Qué pasa después: dónde se ven estas fotos
Vale la pena tenerlo claro, porque cambia lo que hay que pedir:
- La carta. Si es digital, pedid los recortes ya hechos. Si es impresa, pedid los archivos en alta.
- La ficha de Google. Para un restaurante es casi un escaparate: la gente mira las fotos antes de decidir. Subir fotos nuevas cada poco tiempo hace que la ficha se muestre más.
- Las redes. Se comen el contenido a una velocidad que ninguna sesión anual aguanta.
- La web. Y si además la web va lenta o las fotos pesan de más, da igual lo buenas que sean: nadie las llega a ver.
Preguntas frecuentes
¿Venís al restaurante o hay que llevar los platos?
¿Cuántos platos entran en una sesión?
¿Quién monta los platos?
¿Hay que cerrar el local?
¿Hacéis también vídeo?
¿Trabajáis fuera de A Coruña?
Mi carta es de papel y no tiene fotos, ¿para qué las quiero?
Si queréis que lo veamos juntos
Lo más práctico es que nos paséis la carta y nos digáis qué platos os interesan. Con eso ya se puede calcular cuánto tiempo hace falta y qué se puede sacar de una mañana.
Tenéis el detalle en fotografía gastronómica en A Coruña, todo lo que hacemos para negocios en fotografía comercial, o escribidnos y lo hablamos.
Y si al leer esto habéis pensado que vuestra carta se queda corta para enseñar las fotos, decídnoslo: lo vemos de una vez con Lapriex Digital y salís con las dos cosas resueltas, las fotos y el sitio donde se ven. Antes de nada, echad un ojo a la carta de ejemplo.
¿Hablamos de tu sesión?
Cuéntanos qué tienes en mente y te respondemos con disponibilidad y una propuesta a medida.